© Sofía Menconi

Horacio Zeballos, después de ganar el título de dobles en Gstaad 2016, junto a su esposa Sofía y su hija Emma.

La Vida Padre

Cada vez es más frecuente ver jugadores que compaginan el juego con la paternidad

Es una consecuencia natural. Los jugadores cada vez estiran más años su carrera profesional y el circuito ATP World Tour atraviesa una situación atípica hasta hace unas temporadas: cada vez hay más niños que llenan las salas de jugadores. Las longevas trayectorias de los mejores del Ranking ATP ha provocado que un buen puñado de ellos compagine el día a día deporte de élite con la paternidad.

La lista de nombres la encabeza Roger Federer, quien junto a Mirka Vavrinec, ha tenido las gemelas Myla y Charlene (nacidas el 23 de julio de 2009), y los mellizos Leo y Lenny (6 de mayo de 2014). Es sólo una muestra de tantos casos que nutren el circuito, aunque el suizo de 36 años es el único que en estos momentos ocupa el Top 10 del Ranking ATP que ya cuenta con descendencia, aunque John Isner está a la espera de que su esposa Madison dé a luz a su primer hijo.

Entre otras grandes estrellas ATP World Tour y campeones de Grand Slam, también ha probado la paternidad Novak Djokovic. El serbio No. 22 del mundo es padre junto a Jelena Djokovic Ristic de un niño Stefan (el 21 de octubre de 2014) y otra niña Tara (2 de septiembre de 2017). Mientras que Andy Murray hace ya dos años que vio cómo Kim Sears traía al mundo a su hija Sophia Olivia (7 de febrero de 2016), además de otra segunda niña (8 de noviembre de 2017). Finalmente, Stan Wawrinka fue papá de Alexia hace ocho años ya (12 febrero de 2010).

Roland Garros no es ajeno al 'baby boom' que atraviesa el circuito. Entre los jugadores latinos, David Ferrer es uno de los últimos en estrenar paternidad. "Ahora tengo una vida nueva, todo ha cambiado. Ser padre es muy bonito y es una sensación muy buena", asegura a ATPWorldTour.es después de que su esposa Marta haya dado a luz a su hijo Leo el pasado 4 de mayo de este mismo año. Sólo unas semanas más tarde, el alicantino jugó en París el Grand Slam sobre tierra batida. "También tiene sus cosas no tan buenas. Me hace mucha gracia que muchos padres sólo hablan de lo bonito, pero también es duro y sacrificado, sobre todo, a este nivel".

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"Es de las pocas cosas en las que tengo más experiencia que David", replica entre risas Pablo Cuevas, que este martes se estrenó en Roland Garros con victoria frente al esloveno Aljaz Bedene por 6-4, 6-3, 6-2, en dos horas y 10 minutos. "Lo vi acá, antes de su partido, y me dijo que le estaba costando dormir un poco. Yo le contesté que a ¡todo se iba uno adaptando y acostumbrando!", continúa el uruguayo sobre esta faceta ajena a la competición.

Hace menos de un año que Cuevas fue padre de su segunda hija, Antonia. En una práctica como el tenis profesional, donde el descanso y la concentración son la base del éxito, las primeras semanas son las más complicadas para compaginar la profesión con el plano personal. Aunque la experiencia ayuda al uruguayo.

"Justamente estoy en un departamento de dos pisos. Yo duermo en el de arriba, sobre todo por la más chica que se despierta algunas veces en la noche. La mayor ni cuando era chica se despertó. Ahora incluso la más grande algunas noches viene a dormir conmigo. Mi mujer tiene experiencia y sabe la importancia del descanso, si bien hay que encargarse sobre todo cuando salgo del club para hacer vida como padre. Es cansado, pero te devuelve energía de otra manera", concluye el No. 75 del mundo.

Cerca de ser padre por segunda vez en unos días, Horacio Zeballos también tiene práctica en manejarse en casa con niños y en la pista. "Cada vez hay más chicos y esto es porque los jugadores son cada vez más veteranos, de 36 o 37 años", trata de explicar el argentino de 33 años que no dudó el pasado curso en viajar con su niña Emma (18 de abril de 2016) y su esposa Sofía.

"Cuando uno tiene la posibilidad de viajar con la mujer y los hijos se disfruta mucho. El año pasado hicimos cinco meses de los siete que viajé juntos y me hace jugar mejor. Le saca incluso un poco de presión de lo que es el deporte, uno se da cuenta de que hay cosas más importantes que el tenis. Me hace jugar mejor", indica el del Mar del Plata. "Ahora estoy nervioso y contento porque voy a ser padre de nuevo dentro de muy poquito y seguramente el año que viene en los torneos que podamos viajaremos juntos de nuevo".

Eso sí, tampoco olvida lo que le espera en las próximas semanas. "Los primeros meses son los más duros. Me ha pasado que me fui a dormir a la habitación de mi entrenador o que no he podido dormir tan bien, pero es parte de ese 'oficio' de ser padre", cierra después de confirmar su pase a segunda ronda de Roland Garros ante Yuichi Sugita por 6-4, 6-7(3), 6-4, 6-2 en tres horas.

Es sólo una muestra de una tendencia cada vez más repetida en la élite del tenis. Fabio Fognini, Gilles Muller, Gilles Simon, Jo-Wilfried Tsonga, Pablo Andújar, David Marrero, Carlos Berlocq, Federico Delbonis o Leonardo Mayer son muchos de los nombres que copan la lista. Precisamente a este último es habitual verlo con su pequeño Valentino (27 de enero de 2017) en los brazos.

"Ahora empezó a caminar y arrancó un mundo nuevo. Ve las raquetas y se desespera, las agarra, las mueve. Tiene mucha fuerza, y las tira para todos lados… yo que trato de nunca tirarlas, el me las golpea y me las está rompiendo de a poco", revelaba a ATPWorldTour el pasado mes de febrero. Todas estas son sólo algunas confesiones de una tendencia clara: la vida padre.