© Anthony Au-Yeung/Getty Images

David Ferrer presenta un récord de partidos de 726-370 a lo largo de su carrera.

Ferrer Encara Su Último Grand Slam En Nueva York

El español inicia su camino en el US Open frente al No. 1 Rafael Nadal

Las despedidas nunca son fáciles, pero este US Open tiene sabor de adiós para David Ferrer, que antes de su estreno este lunes ha anunciado que en Nueva York jugará su último Grand Slam. El alicantino, a sus 36 años, guarda a sus espaldas una de las carreras más exitosas jamás completadas por una raqueta española y esta vez parece que la fecha para hacer un alto en el camino está más cerca que nunca.

Lo que ha adelantado el de Jávea es que esta será la última vez que pise Flushing Meadows para formar parte del cuadro final. En Nueva York, un escenario que pisó por primera vez hace 15 años, tendrá la oportunidad de despedirse de los Grand Slam. En la memoria queda la final que disputó en Roland Garros 2013 ante Rafael Nadal, precisamente el mismo rival que le espera en primera ronda de este US Open.

Eso sí, aunque Ferrer meditará su decisión pase lo que pase tras la cita en Estados Unidos, probablemente aún habrá tiempo de saborear su tenis en una hoja de ruta que pasearía por los torneos ATP World Tour de Auckland, Buenos Aires, Acapulco, Barcelona y Madrid en 2019.

Y ahí, en la tierra batida de la Caja Mágica en casa y ante su público, es donde si todo sale como tiene previsto, Ferrer diría adiós a un circuito que lo vio irrumpir por primera vez en el año 2000. Desde entonces 27 títulos, otras 25 finales, más de 700 victorias y el número 3 del Ranking ATP como techo decoran un brillante bagaje en el ATP World Tour.

"Ves que tu cuerpo no reacciona igual y que no puedes recuperar, por ejemplo", explica el alicantino en una entrevista en el Diario El Español donde anuncia la noticia. "Me gustaría terminar la temporada que viene con mi gente en España. No es que esté mal tenísticamente, pero físicamente no puedo jugar más de uno o dos partidos".

Con la madurez las prioridades han ido cambiando, a pesar de que aún se siente competitivo a nivel de tenis. "A mí el tenis me encanta y no tengo ganas de dejarlo, pero el nivel al que puedo competir no me llena tanto como para hacer el esfuerzo de irme a jugar torneos menores", continúa relatando Ferrer que fue padre el pasado mes de mayo.

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Esta temporada Ferrer está más lejos que nunca de los números que lo han distinguido como uno de los mejores jugadores del mundo en la última década. Un récord de partidos de 9-17 lo retrasó hasta la posición número 148 del Ranking ATP, saliendo por primera vez del Top 100 desde que irrumpió en él en julio de 2002.

"Al principio cuesta, pero luego lo asumes", confiesa el alicantino que siempre se ha distinguido por su gen competitivo. Luchar una bola más y obligar al rival a ganar el punto una y otra vez. Defender lo imposible. Correr de lado a lado para levantar pelotas que al otro lado de la red prácticamente ya celebraban. "Hay cosas que sigo teniendo, el carácter lo mantengo", revela.

Y ese ADN competitivo lo mantendrá también en su estreno en el US Open frente a un jugador al que conoce bien y junto al que ha crecido tenísticamente durante años: Rafael Nadal. "Quiero ganar y jugaré ante Nadal con esa intención. Eso forma parte de mi ADN. Estoy a las puertas de la retirada, pero moriré siendo competitivo", asegura Ferrer que ya sabe que la cita será en el último turno de la Arthur Ashe.

"En el fondo me puse contento", indica sobre el sorteo en Nueva York. "Me alegré. Va a ser mi último Grand Slam y para mí es un premio tener la oportunidad de jugar con Rafa Nadal en la pista central del Abierto de Estados Unidos. Estoy feliz porque el tenis me ha dado ese regalo", advierte el semifinalista en las ediciones de 2007 y 2012.

Ferrer encara en primera ronda su duelo número 47 en Flushing Meadows. Lo hará sin la presión de ganar que le ha acompañado durante todos estos años, sólo quiere disfrutar y saborear cada momento, cada punto, cada tiro. Es su última gran cita, no tiene nada que perder y esto podría convertirlo en un rival mucho más peligroso.

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